TOCATA Y FUGA AMERICANA

CON MARCELO ARCE

 

Una pasión eterna. La Ópera

Primer capítulo: Nueva York

Por Marcelo Arce

 

Nació en 1607, con L’Orfeo de Monteverdi y sigue gestando maravillas.

Como las que se cruzan en nuestro próximo Tour,  Toccata y Fuga Americana.

La Toccata sucede en Nueva York.

El primer eslabón es ópera. Aïda  de Verdi (tomándose del árabe: ella significa La Visitante), de 1871.

Y la apreciaremos en la llamada “versión monumental” que implica un despliegue escénico inusual. Citemos un momento generalmente incompleto por su costo o el espacio… La Marcha Triunfal. Coros y más coros se van sumando, la orquesta en el foso y la interna, los juegos de trompetas especiales diseñadas para su estreno. Ingresan por lados y desde lo alto filas y filas de soldados y esclavos, la entrada del Faraón, niños, animales, tesoros, vestuario, maquillaje y pirámides con los símbolos exactos que se investigaron, y … lo solemne torna innumerable. Todo por  indicación del compositor, que además da un tema diferente a cada grupo, a cada personaje. El primer estallido es para la hija del Faraón, Amneris (la creciente estrella, la mezzo Anita Rachvelishvili) pues Aïda (la bella diva Anna Netrebko, soprano ya en todas las variantes del timbre, actriz fabulosa).

 

Surge la infinitamente recreada obra maestra de Puccini, La Bohème. Pero se impone indefectiblemente la colorida puesta de Zeffirelli (premiére en La Scala, 1963, con retoques en la versión Londres, 1973). Perfecta en los detalles, todo en época y a la vez con estilo personal, diferente, una de las dos o tres modélicas. Es realista (hiperrealista) desde cualquier perspectiva. Y la enorme orquesta que describe y sigue con sus temas el carácter de cada personaje. Genera permanentemente un doble impacto, gracias a la fusión de lo visual y lo musical (que ésta es a su vez, mimetización de los timbres vocales con los instrumentales).

Esta puesta no sólo construye un engranaje perfecto entre los personajes y la orquesta, sino que al mismo tiempo funciona otro engranaje para el movimiento escénico con la emoción de cada escena. Es un clásico que no se olvida. Por esto la llaman “la más amada”.

Y cada vez que se repone, enciende su chispa: la realidad se trasladará a todo el Met. Por suerte ¡estaremos allí!

Continuará....